A lo largo de nuestra vida se presentan numerosas ocasiones en las que nos vemos obligados a corregir la conducta de otra persona.
Jose Luis Castilla Garcia (Autor del Podcast «Business Psychologist» en Spotify
A lo largo de nuestra vida se presentan numerosas ocasiones en las que nos vemos obligados a corregir la conducta de otra persona. Esto puede suceder en los más diversos ámbitos. Típicamente en el ámbito empresarial y laboral un empresario, directivo o mando, se puede ver en la situación de tener que corregir la conducta de un empleado que está a su cargo y al que debe supervisar. También es evidente que en los ámbitos educativos un profesor debe corregir a un alumno cuando piensa que éste está haciendo algo mal. En las relaciones entre padres e hijos pasa igual.
Una madre o un padre algunas veces tiene que reprender a un hijo para intentar corregir su conducta e inevitablemente estas situaciones también se presentarán en otros ámbitos como en las relaciones de pareja, en las de amistad, etc…

Éstas siempre suelen ser situaciones difíciles e incluso violentas. Generalmente a nadie le gusta tener que llamarle la atención a otra persona. No olvidemos que nuestra finalidad va a ser corregir la conducta de la otra persona para que no vuelva a hacer aquello que no queremos, y no tratar de ofender o humillar a la otra persona, ya que esto sería otra cosa y tendría otra intencionalidad. A la hora de corregir a la otra persona, desde la Psicología se proponen algunas recomendaciones para realizar esto de una manera lo más eficaz posible.
1º) En primer lugar debemos de evitar el exceso de emocionalidad, las explosiones de ira y el empezar a gritar e insultar a la otra persona. Con esto podemos generar en la otra persona una actitud negativa hacia nosotros, que puede derivar en resentimiento, o bien podemos provocarle un estado depresivo. Nada de esto queremos, simplemente deseamos corregir su conducta.
Además en estas situaciones de pérdida de control podemos incluso llegar a decir cosas a la otra persona de las que luego nos podemos arrepentir. Por tanto debemos hacer un esfuerzo por controlarnos, pero
adoptando al mismo tiempo una expresión seria y de firmeza, para expresar claramente a la otra persona que estamos disgustados y que no estamos de acuerdo con lo que ha hecho.
2º) Para hablar con la persona a la que queremos corregir es muy importante “concentrarse en la conducta y no en la persona” ¿qué queremos decir con esto? Cuando la otra persona a hecho algo mal, ha cometido una equivocación, descuido u omisión, debemos concentrarnos en esto y evitar el descalificarlo, por ejemplo, supongamos que un empleado llega tarde al puesto de trabajo o llega tarde en el momento de tener que realizar determinada tarea.
Entonces hay que decirle al empleado de forma clara que ha cometido impuntualidad, concentrándose expresamente en el hecho en sí de la impuntualidad que ha cometido, y en las consecuencias negativas y en la perturbación que tiene esta impuntualidad para el desarrollo de las tareas en el centro de trabajo, y hay que dejar claro que la empresa no quiere que se vuelva a repetir esta situación.
Pero hay que evitar el utilizar descalificaciones o insultos, por ejemplo, decirle al empleado que si es un vago, que si es un desastre, que si todo lo hace mal, etc…, es decir, hay que evitar descalificaciones genéricas hacia la persona y concentrarse expresamente en la conducta problemática a corregir. En esto podríamos decir que habría que tener una precisión que podríamos calificar de quirúrgica.

Los insultos, las descalificaciones y las sobre-generalizaciones “todo lo haces mal”, “es que no das una”, sólo tienen el efecto de que el empleado se sienta mal, se sienta enfadado, humillado, deprimido, etc…. pero lo que interesa más bien es que el empleado tome conciencia de la inadecuación de su conducta problemática.
Lo dicho con anterioridad lo podemos aplicar en otros ámbitos como el educativo, es decir, en la relación profesor-alumno y en el ámbito familiar, en la relación entre padres e hijos.
3º) Hay que hablar con la persona a la que se quiere corregir en privado, no hacerlo en
público, delante de otras personas, por ejemplo, se puede hablar con el empleado en un despacho o en un sitio donde no haya nadie en ese momento, no delante de los compañeros de trabajo o delante de clientes de la empresa u otras personas. No buscamos avergonzar o humillar a esa persona, sino solo que se de cuenta de en que consistió su falta y corregir su conducta.
Lo que suele pasar en algunas ocasiones es que el directivo o mando llame la atención al empleado en el mismo momento y lugar en el que cometió la falta, y entonces puede ocurrir que en esa situación haya personas delante. Si se hace esto, se debe llamar la atención al empleado de forma breve y concisa, pero al mismo tiempo clara, aunque sin mayores aspavientos ni alharacas, y luego con posterioridad, en otro momento en el que haya mayor disponibilidad decirle “ven, acompañame un momento, por favor” y entonces llevarlo a otro sitio más discreto, y allí decirle
todo; explicitar de forma precisa y detallada en que consiste el fallo o descuido que ha cometido, preguntarle porqué lo ha cometido, hacerle ver las consecuencias negativas para la actividad en el centro de trabajo o empresa del fallo o descuido cometido, advertirle de que no debe volver a cometerlo, etc…
En otros ámbitos pasa igual, por ejemplo, las desavenencias familiares o en las relaciones de pareja deben resolverse en privado, no en público, delante de otras personas, por ejemplo, no en un restaurante o en un supermercado o delante de vecinos.
4º) Otro aspecto a tener en cuenta es la coherencia. Todos podemos pasar por situaciones en las cuales la vida nos parece maravillosa, parece que nos sonríe y que todo nos va bien y entonces nos sentimos eufóricos y es fácil ser amables con los demás y perdonarlo todo, o bien podemos pasar por situaciones justo las opuestas, por situaciones amargas, en las que nos sentimos estresados o frustrados porque parece que todo se nos pone en contra y entonces nos sentimos enfadados
contra todo y contra todos. Estas fluctuaciones en nuestro estado de ánimo pueden influir en el trato que tengamos con otras personas, por ejemplo ¿quién no ha sido descortés en alguna ocasión con alguien porque se encontraba muy frustrado?
Estas situaciones emocionales van a afectar obviamente a nuestra conducta cuando tratamos de corregir al otro. Si nos sentimos muy estresados o frustrados corremos el riesgo de echarle una bronca monumental y desproporcionada a un empleado o a la pareja por haber cometido una falta minia, o al contrario, la otra persona puede cometer una falta grave y como nos sentimos muy eufóricos, podemos llamarle la atención de forma muy leve, dulcemente y con una sonrisa en la cara.
Con estas situaciones equívocas podemos desorientar a la otra persona, porque puede creer que determinada falta era gravísima, por la bronca espantosa, cuando realmente no lo era tanto, o justo lo contrario, podemos conseguir que determinada falta que era grave piense que realmente no tenía mucha importancia por nuestra expresión demasiado amable.
En este último caso si la otra persona vuelve a cometer esa falta, por no prestar la suficiente atención y alerta al pensar que no era importante, y entonces reaccionamos con una bronca monumental, porque en ese momento venimos de fuera muy disgustados, esto le puede provocar gran confusión y frustración y generar en él actitudes negativas hacia nosotros.
Por tanto, debemos evitar el dejarnos llevar por los vaivenes de nuestro propio estado de ánimo, e intentar adoptar siempre una expresión ecuánime y proporcionada, y reaccionar ante cada falta según su gravedad real.
Este aspecto es especialmente delicado cuando se trata de niños. Los niños, si se ven
sometidos a este tipos de situaciones, al interactuar con adultos cuyas reacciones les pueden llegar a parece imprevisibles, pueden verse afectados de forma mucho más grave, aprendiendo a percibir la vida como caótica y con reacciones de frustración mucho más intensas que las personas adultas.
Aquí hay que advertir a los padres sobre el abuso en el consumo de alcohol o sobre el consumo de sustancias consideradas drogas, que puede provocar fluctuaciones muy acusadas en el estado de ánimo y llevar a este tipo de situaciones equívocas con los niños.
5º) Otra recomendación es darle la oportunidad a la persona que cometió la falta de
explicarse. Quizá su conducta inadecuada pueda tener alguna justificación y esto nos pueda brindar la posibilidad saber cosas que antes no sabíamos y de realizar algunos cambios para que no se vuelva a repetir la conducta problemática.
También hay que saber escuchar. Esta justificación puede o no ser satisfactoria, pero en todo caso el hecho de darle al empleado una oportunidad para contar su versión y escucharlo ya es una ocasión para que se sienta tratado como una persona, incluso para que se sienta estimado.
En general podemos decir, que al corregir la conducta de la otra persona, debemos evitar el exceso de emocionalidad, debemos centrarnos en la conducta problemática en sí, específicamente, y no en descalificaciones generales hacia el otro. A ser posible hay que hablar con la otra persona en sitios discretos y no en público y no debemos dejarnos llevar por nuestros estados de ánimo para no provocar situaciones equívocas, y también hay que darle a la otra persona la oportunidad para que se explique, quizá tenga alguna justificación válida y podamos aprender de eso.