Suele ocurrir que, al hablar de Literatura Hispanoamericana, nos vienen a la cabeza
nombres memorables
MARINA MORENO (Redacción Don Chicote)
Suele ocurrir que, al hablar de Literatura Hispanoamericana, nos vienen a la cabeza nombres memorables como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato, Rubén Darío, Caballero Bonald, Juan Rulfo y un largo etcétera.
Gracias al estudio detallado y pormenorizado que he llevado a cabo de la obra de José Miguel Oviedo sobre la historia de la literatura allende el océano, he conocido, con rigor, el origen y la evolución de la misma, e s decir, todo el caldo de cultivo que, desde épocas pre-colombinas (anteriores a Colón) se ha ido gestando hasta dar lugar a la cultura que hoy denominamos hispanoamericana y que, a su vez, ha dado lugar, en el siglo XX, a nombres tan notables como los citados anteriormente.
Lo que más me ha impactado es saber que antes de la llegada de Cristóbal Colón y sus hombres al Nuevo Mundo ya se podía hablar de “literatura” indígena.
Así pues, para hablar con rigor de la historia de la literatura hispanoamericana hay que volver muy atrás en el tiempo, a mucho antes de la conquista de estas tierras y a formas “literarias” anteriores a la implantación de la lengua castellana en América.

En las sociedades indígenas destacaba el gusto por lo fabuloso, lo extraño, lo irreal y lo fantástico. Los indígenas tenían muchas creencias y prácticas mágicas para explicar y comprender el mundo. Dichas manifestaciones literarias respondían a dos necesidades:
a) Responder a las cuestiones filosóficas y religiosas del mundo y su creación.
b) Guiar la conducta de la masa.
Los pueblos y civilizaciones que se sabe existían en esa época son: la civilización azteca y maya (zona mesoamericana), civilización quechua (Los Andes) y los pueblos guaraníes (Paraguay).

Dichos pueblos y civilizaciones tenían sus propias “formas literarias”. Lo más característico de estas formas es que fueron “ágrafas” (sin grafía), como la literatura quechua; o que sólo tenían sistemas pictográficos y jeroglíficos, como la azteca; incluso los mayas, que fueron los más avanzados, llegando a desarrollar formas incipientes de escritura fonética, no lograron crear y fijar un sistema de representación adecuado; existieron los “ quipus” quechua o los códices calendáricos , pero ninguno de estos sistemas formó un sistema de escritura propiamente dicho.
De esta manera encontramos multitud de códices, cantos, himnos, pensamientos, mitos y leyendas como los huehuehtlahtolli , thltoloca , cuitcatl, teocuitcat l, Chillam Ballam …
Así pues, cuando nuestra literatura (española) llegó al continente, no lo hizo para llenar un vacío literario sino para sustituir a los sistemas de símbolos e imágenes autóctonos muy evolucionados. Dicha sustitución es el fenómeno clave de la dependencia cultural que impone el sistema colonial.
De esta manera el tiempo fue pasando en el Nuevo Mundo y llega una fecha histórica clave: 12 de Octubre de 1492. Hito que señala dos cosas:
a) Comienzo de la Conquista
b) Comienzo del Diario de Cristóbal Colón (ese día Colón ofrece en su Diario el primer testimonio escrito en español sobre el hombre americano)
La llegada de Colón al continente americano significó la entrada de una nueva lengua y cultura al continente, lo que supone la base de lo que sería su nueva expresión literaria: la futura literatura hispanoamericana tal y como la conocemos hoy en día.
Desde el momento en que Colón y sus hombres pisaron tierras americanas, se puede decir que la literatura brotó (en sus formas más básicas y espontáneas) en el nuevo continente.
Los géneros literarios que más se cultivaron en aquellas tierras durante esos difíciles años de la conquista fueron: la crónica, el teatro misionero y la poesía popular.
Así pues, comienzan a sucederse los días, los años, los siglos, con un vaivén apasionante de mestizaje, problemas morales, evangelización, teatro misionero…mientras los diferentes movimientos llegados desde España se van sucediendo: Renacimiento, Clasicismo, Manierismo, Barroco, Ilustración, Neoclasicismo, Romanticismo, Realismo, Naturalismo, Modernidad, etcétera.
Aquí habría que destacar la aparición en aquellas tierras, en torno a los años 60, del llamado “boom hispanoamericano”, que no es una corriente cultural al uso, ni una generación, sino un fenómeno editorial centrado, principalmente, en el género de la novela, que se dio en los años 60 y 70 y que permitió dar a conocer a autores hispanoamericanos, más allá de sus fronteras, hasta el punto de convertirse en referentes literarios, tanto en la época en la que vivieron, como después.
Y así, aparecen autores tan importantes y característicos como Fray Bartolomé de las Casas con su defensa apasionada del indio, Díaz del Castillo y su vitalidad histórica, el Inca Garcilaso y el arte de la memoria, Martí, el artista sensible…
