PERROTÓN ESPAÑA: CUANDO LA GASTRONOMÍA TAMBIÉN CORRE CONTRA EL ABANDONO

El Hipódromo de la Zarzuela se convirtió en punto de encuentro para miles de personas y sus compañeros de cuatro patas

Por Miguel Ángel Mateos Robles | Territorio Comestible | Magazine Don Chicote


Hay jornadas en las que la gastronomía deja de ser únicamente una cuestión de sabores, técnicas o productos para convertirse en una forma de compartir valores. El pasado sábado 17 de octubre, el Hipódromo de la Zarzuela fue escenario de una de esas citas: el XV aniversario de Perrotón Madrid 2026 Nicka Run, una convocatoria que volvió a poner sobre la mesa una realidad que no admite indiferencia: el abandono y el maltrato animal.

Miles de participantes acudieron acompañados de sus perros para formar parte de una iniciativa que lleva quince años defendiendo la adopción, la tenencia responsable y el respeto hacia los animales de compañía. En esta edición, el emblemático recinto madrileño acogió también la primera edición de Madrid Dog Fest, ampliando la experiencia con actividades, exhibiciones, propuestas gastronómicas y música.

El resultado fue una jornada que trascendió la carrera. Porque, aunque correr juntos sea una imagen poderosa, el verdadero objetivo consiste en mantener vivo el compromiso cuando termina el recorrido.

Quince años corriendo por una misma causa

Perrotón se ha consolidado como una cita de referencia para la sensibilización sobre la protección animal. Su decimoquinta edición, celebrada bajo el lema «Yo corro contra el abandono», reunió a participantes de diferentes edades en un recorrido de 4,5 kilómetros por el anillo central del Hipódromo de la Zarzuela.

La imagen de personas y perros compartiendo el mismo espacio resume buena parte del espíritu de la iniciativa: entender que los animales no son objetos ni accesorios, sino seres vivos que requieren atención, cuidados y responsabilidad durante toda su vida.

Pero el mensaje de Perrotón va más allá de la participación deportiva. La adopción responsable exige reflexión, compromiso y una decisión consciente. Supone asumir que incorporar un animal a la familia no es un capricho pasajero, sino una responsabilidad que se prolonga durante años.

En una sociedad que cada vez concede mayor importancia al bienestar animal, encuentros como este ayudan a trasladar esa conversación al espacio público y a recordar que la concienciación debe acompañarse de acciones concretas.

La organización destina el 30 % de las inscripciones de la carrera a su asociación sin ánimo de lucro, que desarrolla campañas de concienciación, esterilización y prevención de la leishmaniosis, entre otras actuaciones de protección animal.

Madrid Dog Fest: una jornada para compartir mucho más que una carrera

La gran novedad de esta edición fue la celebración de Madrid Dog Fest, una propuesta que amplió la jornada con actividades dirigidas tanto a los animales como a las personas que conviven con ellos.

El recinto se transformó en un espacio de encuentro en el que convivieron exhibiciones caninas, propuestas educativas, música, gastronomía y diferentes iniciativas vinculadas al mundo animal.

Entre las actividades figuraron las demostraciones de la Unidad Especial de Guías Caninos de la Policía Nacional, las exhibiciones de agility y las propuestas relacionadas con el Proyecto Pepo, dedicado al adiestramiento de perros de protección para mujeres víctimas de violencia de género.

También hubo espacio para experiencias más participativas, como Dogga, una actividad que combina ejercicios de yoga con la presencia de los perros, y propuestas vinculadas al entretenimiento y las habilidades caninas.

La variedad de actividades permitió mostrar las diferentes formas en las que los animales pueden formar parte de nuestra sociedad: como compañeros de vida, como apoyo en situaciones difíciles y como protagonistas de iniciativas que promueven la convivencia responsable.

El ambiente de los jardines, con familias, visitantes y perros compartiendo espacios al aire libre, reflejó esa voluntad de convertir la protección animal en una experiencia colectiva y accesible.

Gastronomía para personas… y para sus compañeros de cuatro patas

En una jornada de estas características, la gastronomía ocupa un lugar especial. Compartir una comida o disfrutar de una propuesta dulce forma parte de la experiencia social de cualquier evento, y Madrid Dog Fest incorporó esa dimensión a su programación.

Desde mi perspectiva como cocinero, estos encuentros tienen un interés añadido: permiten demostrar que la gastronomía también puede contribuir a construir experiencias, crear espacios de convivencia y dar identidad a un acontecimiento.

En esta edición tuve la oportunidad de participar con La Vie En Cheese, dentro de la propuesta gastronómica vinculada a OMarketing y Eventos Madrid, aportando una mesa de dulces y elaboraciones pensadas para acompañar la jornada.

Para un proyecto gastronómico, formar parte de un evento de estas características significa salir del entorno habitual de trabajo y encontrarse con un público diverso, en un contexto donde la experiencia completa importa tanto como el producto.

La presentación, la variedad y el cuidado de los detalles son importantes, pero también lo es comprender el sentido del encuentro en el que participamos. No se trata simplemente de colocar una mesa y servir elaboraciones: se trata de contribuir a una experiencia compartida.

La gastronomía tiene esa capacidad de reunir a las personas alrededor de algo tan sencillo y universal como disfrutar de un buen bocado. Y cuando ese encuentro se produce en una jornada que promueve la solidaridad y el respeto hacia los animales, adquiere una dimensión especial.

Por supuesto, la convivencia debe acompañarse de responsabilidad. La alimentación de los perros ha de seguir las recomendaciones veterinarias y no debe confundirse con la oferta gastronómica destinada a las personas. Disfrutar juntos de un evento no significa que todos debamos compartir el mismo menú.

Cuando las marcas se implican, el mensaje llega más lejos

Los eventos solidarios necesitan visibilidad, participación y colaboración. Las asociaciones, las instituciones, los profesionales y las empresas pueden desempeñar papeles diferentes, pero complementarios, cuando comparten un objetivo.

La presencia de proyectos gastronómicos, espacios de actividad y propuestas de ocio en Madrid Dog Fest muestra cómo un evento puede ampliar su alcance y conectar con públicos que quizá no acudirían únicamente a una carrera.

Para las marcas participantes, la oportunidad consiste en implicarse en una experiencia con sentido, aportar su trabajo y acercarse a la sociedad desde una perspectiva que va más allá de la venta.

Sin embargo, la responsabilidad social no debería limitarse a una presencia puntual ni a una fotografía. Su valor real aparece cuando el compromiso se mantiene en el tiempo, se traduce en decisiones coherentes y contribuye a generar cambios positivos.

En el caso de la protección animal, ese compromiso comienza con gestos cotidianos: adoptar con responsabilidad, identificar correctamente a los animales, garantizar sus cuidados, evitar compras impulsivas y denunciar situaciones de maltrato o abandono.

También consiste en comprender que la convivencia con un animal implica obligaciones y que ninguna moda, celebración o circunstancia justifica poner en riesgo su bienestar.

El verdadero legado de Perrotón

Quince ediciones después, Perrotón nos recuerda que las grandes causas necesitan continuidad. Una jornada puede reunir a miles de personas, generar imágenes memorables y despertar emociones, pero el objetivo es que ese impulso se mantenga cuando cada familia regresa a casa.

La celebración del XV aniversario en el Hipódromo de la Zarzuela dejó una estampa de convivencia, participación y compromiso. La incorporación de Madrid Dog Fest amplió el formato y permitió integrar nuevas experiencias en torno a los animales y las personas que comparten su vida con ellos.

Desde Territorio Comestible, me interesa especialmente esa conexión entre gastronomía, sociedad y cultura. La cocina no vive aislada de lo que sucede a su alrededor. Forma parte de nuestras celebraciones, de nuestras relaciones y de la manera en que construimos comunidad.

Participar en una jornada como esta permite recordar que un proyecto gastronómico también puede aportar algo más que un producto bien elaborado: puede sumar su trabajo a una experiencia colectiva y formar parte de un mensaje que merece ser escuchado.

Porque el éxito de un evento solidario no se mide únicamente por el número de asistentes, las actividades programadas o la repercusión que alcanza. Se mide también por su capacidad para cambiar miradas, generar conciencia y animar a las personas a actuar de manera responsable.

Adoptar es un compromiso. Cuidar es una obligación. Respetar a los animales es una responsabilidad colectiva.

Y si una carrera, una jornada gastronómica o un encuentro entre profesionales consigue que ese mensaje llegue un poco más lejos, entonces habrá cumplido una parte importante de su propósito.

Miguel Ángel Mateos Robles
Territorio Comestible · Magazine Don Chicote

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